lunes, 6 de julio de 2015

Cuentito para grandes



Una niña se negaba a salir de su casa. La madre, la tía, el papá, los hermanos querían llevarla a pasear. Querían que ella conociera lo que era el aire libre, las actividades que todos los de su edad hacían fuera de la casa. Ana, así se llama nuestra protagonista, nunca había dejado siquiera su habitación. Se alimentaba allí, dormía, jugaba con quien quisiera entrar a su cuarto. Lo llamativo de esta historia es que la ciudad donde Ana vivía con su familia era muy famosa por los parques arbolados que poseía. El pasto muy verde y los juegos infantiles que tenía instalados.
      Cierto día, el intendente se enteró de que había una niña que no quería salir de su casa. Se preocupó, no lo entendía y se contactó con la familia. Ellos le explicaron que tampoco sabían el porqué de su negación a conocer el exterior. Juntos idearon un plan para que Anita saliera de su habitación y disfrutara de los parques de su ciudad. Le dirían que los parques estaban en peligro y que una empresa muy grande iría a desforestar cada uno de ellos y los niños no tendrían más lugares donde jugar. Que solamente la empresa detendría su misión si todos, absolutamente todos los niños salieran a jugar juntos el domingo siguiente.
      Cuando le contaron a Ana esta historia, ella se puso muy triste y empezó a llorar. No quería salir, pero tampoco quería que los parques sean destruidos. La continuidad de los parques dependía de ella. No quería que sus hermanitos quedaran sin lugar donde divertirse.
      Sin protestar, el domingo siguiente se puso su mejor vestido y salió junto a su mamá directamente al parque más cercano. Fue el día más feliz de su vida, nunca pensó que tanto verde, pajaritos y niños alrededor le llenarían el corazón de alegría. Pero así fue. A pesar de la mentirita que le dijeron su familia junto con el alcalde, ella les agradeció porque de otro modo nunca hubiera decidido salir de su cuarto ni de su habitación. 

Habrá veces que para salir de alguna situación horrenda que solo nos llama a la reclusión, miraremos el más allá, la vereda de enfrente que precisa una barrida, un vecino, amigo, hermano que necesita una mano que solo nosotros podremos dar y nos tendremos que animar a salir de nuestra casa e ir al alcance de los demás. Una meta mayor que el individuo suele generar buenas acciones.


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