Desde
muy pequeña me interesé por el significado de las palabras. Cuando le
preguntaba a mi papá: “¿qué significa ‘estructura’?”, él me respondía: “Buscálo
en el diccionario”. Fueron tantas las veces que él me contestó de ese modo que,
un buen día, el fastidio que me generaba revisar los tres tomos del diccionario
de español se esfumó, y comencé a disfrutarlo. No solamente me enteraba del
significado de la palabra que me intrigaba, sino también podía conocer otras nuevas
de arriba o debajo de la lista en la letra que estaba. Es por eso que siempre
que necesito entender algunos temas busco palabras en el diccionario, las que
definen al concepto que busco y las palabras más comunes para captar algo que —quizás
en el camino de las obviedades del día a día— se me perdió.
No es
menor el descubrimiento del contexto cuando una niña busca palabras sueltas en
un diccionario tan extenso. Resulta ser que había más de un significado en
algunas palabras, porque estas podían ser utilizadas en diversas conversaciones
y materias, es decir, en diferentes contextos. Traigo aquí el significado que
da la Real Academia Española de “estructura”, así se ve en la web:
estructura.
(Del lat. structūra).
3. f. Distribución y orden
con que está compuesta una obra de ingenio, como un poema, una historia, etc.
4. f. Arq. Armadura, generalmente
de acero u hormigón armado, que, fija al suelo, sirve de sustentación a un
edificio.
~ profunda.
1. f. Gram. En gramática
generativa, esquema abstracto de las relaciones gramaticales de las frases de
una lengua dada o de un conjunto de ellas.
1. f. Gram. En
gramática generativa, reflejo de la estructura profunda en las frases de una o varias lenguas.
Real Academia Española
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Distribución, orden,
armadura, esquema, profunda y superficial. Son las palabras que llaman mi
atención al releer esta definición. ¿Vieron que es interesante hurgar en un
diccionario?
Desde nuestro parto —nuestro
partir hacia el exterior de nuestra madre— aparecemos en una estructura: la
familia o cualquiera sea el ámbito donde caíste. Ambos padres, hermanos o los
padres y el bebé solo. Una madre con vos, un padre solo con vos, una abuela, un
abuelo, un hermano mayor, o incluso si te quedaste solo, también esa es una
estructura, un esquema, un orden (o desorden) de la vida que te recibió.
En ese lugar adonde llegamos,
nos movemos al ritmo de los demás, al principio nuestros instintos son más
fuertes y lloramos por una mamadera, la teta o porque tenemos sueño. Esos actos
también responden a otro orden: nuestro organismo, el cual porque también tiene
una estructura que mantener reclama que sus necesidades se suplan para
subsistir. Entonces, tenemos la estructura de nuestro cuerpo y la de nuestro
entorno, que nos ordena la vida. Las actividades cotidianas también son parte
de un esquema para movernos en el día a día, incluso esas que hacemos casi como
autómatas: cepillarnos los dientes, lavarnos la cara, tomar un baño, hasta la manera
en que preparamos el mate.
El ritmo de la casa donde te criaste lo
llevas dentro, ni te das cuenta, ni me doy cuenta hasta el modo en que estoy
pensando en este momento, mi modo de escribir es un reflejo del entorno donde
crecí, dan cuenta de mi formación y hasta de mis padres. Quizás es por eso
mismo que cuando digo la palabra estructura
la imagen que aparece en mi cerebro es el esqueleto de un edificio de varios
pisos todavía sin sus paredes. Se pueden ver las vigas y maderas que formarán
un edificio completo. Pero ese esqueleto es lo que lo sostendrá, también están
los cimientos, pero ese es tema para otro día.
La definición del DRAE cuando aclara que se
refiere a la Arquitectura (Arq.) menciona que por lo general esa estructura es
de acero u hormigón armado, materiales duros y que duran muchísimo tiempo.Por consiguiente, deduzco que cuando
hablamos de estructuras de vida que abarcan nuestra mente, cuerpo y espíritu
también reconocemos en ellas materiales duros, durables e irrompibles. Tan
difíciles de mover, de modificar y todo porque “sirven para la sustentación de
un edificio” o sea vos y yo, nosotros. Nuestro ser, nuestra persona es nuestro
edificio. Llenos de vigas de hormigón para sostener nuestros pensamientos,
nuestras acciones, nuestro modo de ver el mundo.
Todo lo que me enseñaron desde el principio
fue a preocuparme por mi manera de vivir porque existen el cielo y el infierno,
la muerte acecha y debo elegir en vida si creo en Jesús, si creo voy al cielo y
si no, al infierno. Pero ojo, es por gracia –un regalo– Dios te ama por lo que
sos, no por lo que hacés. Esto dicho brevemente, pero es una estructura muy
fuerte. Es la base de la religión cristiana, una de las tres religiones
monoteístas del mundo. Me lo habían implantado, eso aprendí, era lo que tenía
que hacer, lo correcto y lo que se esperaba de mí. Que elija creer en Jesús de
Nazaret y viva como una seguidora de él. Que es una relación personal con Dios,
relación no religión. Es uno de los slogans utilizados, si venís de una iglesia
cristiana sabés bien de lo que hablo.
Ahí comienza la confusión. Porque si era
una relación que se basaba en el amor eterno de Dios para conmigo y yo creyendo
ya estaba todo arreglado, no entendía cómo tenía que hacer tantas cosas para
sostener otra estructura más como era la institución a la que íbamos todos los
sábados por la noche y los domingos por la mañana y por la noche. Reuniones de
aquí y de allá. Cantar, ensayar, tocar un instrumento, estudiar la Biblia.
Nunca falté. Nunca. No recuerdo en mi infancia haberme quedado a mirar la tele
o a dormir. Toda nuestra vida se ordenó en torno a la iglesia, su gente y sus
actividades.
Mis padres eligieron servir a Dios, porque
fueron llamados (suena raro, pero así se dice) a eso y dedicaron sus vidas a
prepararse para servir a los demás y ayudarlos en ese camino del cristianismo,
al que no quería nadie llamar religión, porque era una “relación con Dios no
religión”. En fin, así era el esquema en casa. Todo lo que se esperaba que
hiciera lo hice. Todo lo que creía que debía hacer, lo hice. Mi estructura me
lo demandaba, en eso nos sustentábamos, se sostenía por la creencia y fe en
Dios y en toda esa armadura que se llama iglesia, congregación, templo y
creyentes. Éramos una familia al servicio de Dios. De hecho, muchas veces
cuando mis papás no estaban en casa me llamaban señoras muy desesperadas
deprimidas o enfermas para que uno de nosotros orara por ellas. Recuerdo una en
particular, yo tenía doce años y recé algo para que se quede tranquila. Ahí
capté la anestesia de la oración, no sé si fue lo que dije, el tono que utilicé
al orar, Dios o solo el haberla escuchado, pero algo de todo ese combo la
tranquilizó. No fue la primera ni la última vez que haría eso. Estaba muy
acostumbrada, era la forma como se resolvía todo en mi casa: orando. Era
automático. La mente no tenía lugar, solo la fe. Todo lo que no viene de la fe
es pecado, decía mi mamá. Son creencias, postulados, vigas de una estructura
que te ayuda a vivir.
¿Por qué cuento todo esto? Para que despertemos,
para que nos preguntemos cuales son las armaduras de acero u hormigón que nos
rigen y ayudan a sostenernos. No está prohibido cuestionar, no está prohibido
pensar.
No quiero desalentarlos, pero existen los
terremotos. ¿Saben qué efectos tienen los terremotos sobre los edificios? Los
desarman, rompen, quiebran, derriban, hacen polvo y sacuden la tierra donde
están esos armazones de hierro. Ya lo sabían, claro, vimos muchos en la
televisión.
Las estructuras sostienen, mantienen, duran
en el tiempo. Pero un día puede llegar un sismo que hará temblar todo lo que
creías como válido. Todo lo que te enseñaron puede derrumbarse y no está ni mal
ni bien, simplemente es. Lo que te fue dado, lo que te inculcaron como único y
perfecto, como incuestionable, no lo es.
No nos vamos a derrumbar por indagar cuales
son las cosas que nos mantienen a flote, que nos sustentan. Hacer un estudio
cual ingeniero civil acerca de los materiales que nos definen en nuestro
interior y nos sostienen no es tan mala idea.
Pensemos nuestros esquemas, ordenes y
estructuras. ¡Ah! Ojo con los terremotos.
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