Ayer escuché un tema de Onda Vaga, una banda a la que nunca
le di mucha bola, podría escuchar algún tema cada tanto y nada más. Lo que
tiene la vida emocional, que cuando lo necesita o le conviene algo dentro mío
advierte los sonidos y letras de canciones antes ignoradas.
“¿Por qué tengo que tolerar todo lo que me hace mal?
Tataralí, tataralá…”
Y más allá de que es verdad que en la vida pasan cosas
lindas y feas y horrendas y después otras súper lindas y así por la eternidad…
yo creo que hoy en día tengo tan poca tolerancia a las cosas que me hacen mal
que somatizo todo. El tema es ¿por qué? Si tengo todo el derecho a disfrutar, a
hacer cosas que me gusten y a no hacer las cosas que no tengo ganas. Yo sé
porqué: culpa. La culpa judeocristiana arruinó la existencia de varios de
nosotros.
Quisiera que la culpa fuera como un saco de lana, que cuando
hace calor hace que te moleste en el cuerpo y te lo tenés que sacar. Como cuando voy al
subte muy abrigada y me tengo que sacar todo.
Que me pique la culpa, que me una comezón cuando el placer
aparezca en mi vida. Quiero disfrutar de todo y sacarme este saco de lana tan
caluroso y agobiante.
Como sé que puedo disfrutar, porque tampoco es que soy cual
tortuga metida dentro de un caparazón,
lo voy a intentar. Quizás deba cambiar el foco me centro más en lo
negativo ya la frase de la canción “Por qué tengo que tolerar todo lo que me
hace mal”, sería al revés: porqué no puedo disfrutar (o tolerar que es mucho
peor) de todo lo que me hace bien.
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