lunes, 6 de julio de 2015

Mi esquina



17/05/2012

En la ciudad de Buenos Aires hay muchas calles especiales, muchas esquinas con olores imborrables. Esta en particular es especial para mí. Es mi primera esquina, mi primer departamento. Alquilado, pero mío al fin.

                Ciudad de la Paz y Quesada. Esa fue mi esquina. En Marzo del 2011 fui a vivir a media cuadra de ahí. Era un departamento pequeño, 20 m2, muy luminoso. No, no se los quiero vender. Pero no puedo ser objetiva, era hermoso. El piso era de color marrón claro. Mi casa tenía una ventana grande. Una mesada con una pileta para lavar los platos y al lado un anafe. Yo dormía en el piso con un colchón prestado. Tenía dos placares pequeños y estantes cerca del techo donde iban todos mis libros.

                Ese lugar fue mi refugio durante varios meses. Lo llamo refugio porque nunca había sentido esa protección que dan los lugares. Traté que por donde yo anduviera tenga mi color, se parezca a mí con mis fotos, mis cuadros, mis libros que me han acompañado a lo largo de estos ocho años sola en Argentina. Pasé por residencias de estudiantes donde había olores que no me pertenecían. Paredes y cortinas de otras personas que no podía tolerar. Personas con quienes convivir que lo único que hicieron fue que yo me escondiera y me retrajera en mi habitación. Siempre anhelé mi lugar en esta ciudad.

                Mi esquina tenía una casa blanca con gruesas rejas negras. Un árbol, que cuando daba flores se teñía de color magenta. Al llegar a ella sabía que estaba segura, a unos metros estaba mi hogar. Compraba unas frutas y subía al 8 “A”. Encendía el televisor que me había regalado una compañera de trabajo. Era de esos con botones, muy viejo. Preparaba unos mates y me ponía a leer, siempre y cuando no fuera a Pilates.

                He pasado por tantas soledades, pero ninguna fue tan hermosa y cálida como la de aquél momento. Yo sentía que era mi preparación para algo mejor. Tenía insomnio. Había algo que no estaba resuelto en mi vida. No me dejaba descansar noches enteras. No se lo deseo a nadie. Es muy desesperante no poder conciliar el sueño.

                Pasar por problemas internos a veces es peor que lo que ocurre fuera. Dentro de mi cabeza corrían pensamientos constantemente. Con mucha tristeza en el alma tomaba el subte cada día para ir a trabajar. No podía más.

                Hasta que decidí volver a la Fuente de vida y todo se ordenó, el caos interior comenzó a ordenarse. Creo que aún sigo en ese camino.      

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