lunes, 6 de julio de 2015

Paulina



Porque verte es vivir
Vivir es quererte
Quererte es mirarte
Mirar esas risas
Escuchar tus miradas
Sentir tus manitos
Tus risitas y sonrisas
Los arboles te saludan
Sus hojas se inclinan
Sos la vida en un ser
Un ser en nuestra vida
Esperanza que renace
Que perdura
Que llena
Que acaricia toda el alma.
Tu piel tan de nube
Y tus piecitos tan de sol
Que la vida te sorprenda
Para bien, para crecer
Para amar y jugar.
Para reír y ver en otros
Esa pureza que vemos en ti hoy.

Dámaris Pettersson
25/07/2014

Mi esquina



17/05/2012

En la ciudad de Buenos Aires hay muchas calles especiales, muchas esquinas con olores imborrables. Esta en particular es especial para mí. Es mi primera esquina, mi primer departamento. Alquilado, pero mío al fin.

                Ciudad de la Paz y Quesada. Esa fue mi esquina. En Marzo del 2011 fui a vivir a media cuadra de ahí. Era un departamento pequeño, 20 m2, muy luminoso. No, no se los quiero vender. Pero no puedo ser objetiva, era hermoso. El piso era de color marrón claro. Mi casa tenía una ventana grande. Una mesada con una pileta para lavar los platos y al lado un anafe. Yo dormía en el piso con un colchón prestado. Tenía dos placares pequeños y estantes cerca del techo donde iban todos mis libros.

                Ese lugar fue mi refugio durante varios meses. Lo llamo refugio porque nunca había sentido esa protección que dan los lugares. Traté que por donde yo anduviera tenga mi color, se parezca a mí con mis fotos, mis cuadros, mis libros que me han acompañado a lo largo de estos ocho años sola en Argentina. Pasé por residencias de estudiantes donde había olores que no me pertenecían. Paredes y cortinas de otras personas que no podía tolerar. Personas con quienes convivir que lo único que hicieron fue que yo me escondiera y me retrajera en mi habitación. Siempre anhelé mi lugar en esta ciudad.

                Mi esquina tenía una casa blanca con gruesas rejas negras. Un árbol, que cuando daba flores se teñía de color magenta. Al llegar a ella sabía que estaba segura, a unos metros estaba mi hogar. Compraba unas frutas y subía al 8 “A”. Encendía el televisor que me había regalado una compañera de trabajo. Era de esos con botones, muy viejo. Preparaba unos mates y me ponía a leer, siempre y cuando no fuera a Pilates.

                He pasado por tantas soledades, pero ninguna fue tan hermosa y cálida como la de aquél momento. Yo sentía que era mi preparación para algo mejor. Tenía insomnio. Había algo que no estaba resuelto en mi vida. No me dejaba descansar noches enteras. No se lo deseo a nadie. Es muy desesperante no poder conciliar el sueño.

                Pasar por problemas internos a veces es peor que lo que ocurre fuera. Dentro de mi cabeza corrían pensamientos constantemente. Con mucha tristeza en el alma tomaba el subte cada día para ir a trabajar. No podía más.

                Hasta que decidí volver a la Fuente de vida y todo se ordenó, el caos interior comenzó a ordenarse. Creo que aún sigo en ese camino.      

Tataralí Tataralá



Ayer escuché un tema de Onda Vaga, una banda a la que nunca le di mucha bola, podría escuchar algún tema cada tanto y nada más. Lo que tiene la vida emocional, que cuando lo necesita o le conviene algo dentro mío advierte los sonidos y letras de canciones antes ignoradas.
“¿Por qué tengo que tolerar todo lo que me hace mal? Tataralí, tataralá…”
Y más allá de que es verdad que en la vida pasan cosas lindas y feas y horrendas y después otras súper lindas y así por la eternidad… yo creo que hoy en día tengo tan poca tolerancia a las cosas que me hacen mal que somatizo todo. El tema es ¿por qué? Si tengo todo el derecho a disfrutar, a hacer cosas que me gusten y a no hacer las cosas que no tengo ganas. Yo sé porqué: culpa. La culpa judeocristiana arruinó la existencia de varios de nosotros.

Quisiera que la culpa fuera como un saco de lana, que cuando hace calor hace que te moleste en el cuerpo y te lo tenés que sacar. Como cuando voy al subte muy abrigada y me tengo que sacar todo.
Que me pique la culpa, que me una comezón cuando el placer aparezca en mi vida. Quiero disfrutar de todo y sacarme este saco de lana tan caluroso y agobiante.

Como sé que puedo disfrutar, porque tampoco es que soy cual tortuga metida dentro de un caparazón,  lo voy a intentar. Quizás deba cambiar el foco me centro más en lo negativo ya la frase de la canción “Por qué tengo que tolerar todo lo que me hace mal”, sería al revés: porqué no puedo disfrutar (o tolerar que es mucho peor) de todo lo que me hace bien.

viernes, 3 de julio de 2015

Estructura

Desde muy pequeña me interesé por el significado de las palabras. Cuando le preguntaba a mi papá: “¿qué significa ‘estructura’?”, él me respondía: “Buscálo en el diccionario”. Fueron tantas las veces que él me contestó de ese modo que, un buen día, el fastidio que me generaba revisar los tres tomos del diccionario de español se esfumó, y comencé a disfrutarlo. No solamente me enteraba del significado de la palabra que me intrigaba, sino también podía conocer otras nuevas de arriba o debajo de la lista en la letra que estaba. Es por eso que siempre que necesito entender algunos temas busco palabras en el diccionario, las que definen al concepto que busco y las palabras más comunes para captar algo que —quizás en el camino de las obviedades del día a día— se me perdió.

No es menor el descubrimiento del contexto cuando una niña busca palabras sueltas en un diccionario tan extenso. Resulta ser que había más de un significado en algunas palabras, porque estas podían ser utilizadas en diversas conversaciones y materias, es decir, en diferentes contextos. Traigo aquí el significado que da la Real Academia Española de “estructura”, así se ve en la web:

estructura.
(Del lat. structūra).
1. f. Distribución y orden de las partes importantes de un edificio.
2. f. Distribución de las partes del cuerpo o de otra cosa.
3. f. Distribución y orden con que está compuesta una obra de ingenio, como un poema, una historia, etc.
4. f. Arq. Armadura, generalmente de acero u hormigón armado, que, fija al suelo, sirve de sustentación a un edificio.
~ profunda.
1. f. Gram. En gramática generativa, esquema abstracto de las relaciones gramaticales de las frases de una lengua dada o de un conjunto de ellas.
~ superficial.
1. f. Gram. En gramática generativa, reflejo de la estructura profunda en las frases de una o varias lenguas.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Distribución, orden, armadura, esquema, profunda y superficial. Son las palabras que llaman mi atención al releer esta definición. ¿Vieron que es interesante hurgar en un diccionario?

Desde nuestro parto —nuestro partir hacia el exterior de nuestra madre— aparecemos en una estructura: la familia o cualquiera sea el ámbito donde caíste. Ambos padres, hermanos o los padres y el bebé solo. Una madre con vos, un padre solo con vos, una abuela, un abuelo, un hermano mayor, o incluso si te quedaste solo, también esa es una estructura, un esquema, un orden (o desorden) de la vida que te recibió.

En ese lugar adonde llegamos, nos movemos al ritmo de los demás, al principio nuestros instintos son más fuertes y lloramos por una mamadera, la teta o porque tenemos sueño. Esos actos también responden a otro orden: nuestro organismo, el cual porque también tiene una estructura que mantener reclama que sus necesidades se suplan para subsistir. Entonces, tenemos la estructura de nuestro cuerpo y la de nuestro entorno, que nos ordena la vida. Las actividades cotidianas también son parte de un esquema para movernos en el día a día, incluso esas que hacemos casi como autómatas: cepillarnos los dientes, lavarnos la cara, tomar un baño, hasta la manera en que preparamos el mate.

El ritmo de la casa donde te criaste lo llevas dentro, ni te das cuenta, ni me doy cuenta hasta el modo en que estoy pensando en este momento, mi modo de escribir es un reflejo del entorno donde crecí, dan cuenta de mi formación y hasta de mis padres. Quizás es por eso mismo que cuando digo la palabra estructura la imagen que aparece en mi cerebro es el esqueleto de un edificio de varios pisos todavía sin sus paredes. Se pueden ver las vigas y maderas que formarán un edificio completo. Pero ese esqueleto es lo que lo sostendrá, también están los cimientos, pero ese es tema para otro día.

La definición del DRAE cuando aclara que se refiere a la Arquitectura (Arq.) menciona que por lo general esa estructura es de acero u hormigón armado, materiales duros y que duran muchísimo tiempo.Por consiguiente, deduzco que cuando hablamos de estructuras de vida que abarcan nuestra mente, cuerpo y espíritu también reconocemos en ellas materiales duros, durables e irrompibles. Tan difíciles de mover, de modificar y todo porque “sirven para la sustentación de un edificio” o sea vos y yo, nosotros. Nuestro ser, nuestra persona es nuestro edificio. Llenos de vigas de hormigón para sostener nuestros pensamientos, nuestras acciones, nuestro modo de ver el mundo.

Todo lo que me enseñaron desde el principio fue a preocuparme por mi manera de vivir porque existen el cielo y el infierno, la muerte acecha y debo elegir en vida si creo en Jesús, si creo voy al cielo y si no, al infierno. Pero ojo, es por gracia –un regalo– Dios te ama por lo que sos, no por lo que hacés. Esto dicho brevemente, pero es una estructura muy fuerte. Es la base de la religión cristiana, una de las tres religiones monoteístas del mundo. Me lo habían implantado, eso aprendí, era lo que tenía que hacer, lo correcto y lo que se esperaba de mí. Que elija creer en Jesús de Nazaret y viva como una seguidora de él. Que es una relación personal con Dios, relación no religión. Es uno de los slogans utilizados, si venís de una iglesia cristiana sabés bien de lo que hablo.

Ahí comienza la confusión. Porque si era una relación que se basaba en el amor eterno de Dios para conmigo y yo creyendo ya estaba todo arreglado, no entendía cómo tenía que hacer tantas cosas para sostener otra estructura más como era la institución a la que íbamos todos los sábados por la noche y los domingos por la mañana y por la noche. Reuniones de aquí y de allá. Cantar, ensayar, tocar un instrumento, estudiar la Biblia. Nunca falté. Nunca. No recuerdo en mi infancia haberme quedado a mirar la tele o a dormir. Toda nuestra vida se ordenó en torno a la iglesia, su gente y sus actividades.

Mis padres eligieron servir a Dios, porque fueron llamados (suena raro, pero así se dice) a eso y dedicaron sus vidas a prepararse para servir a los demás y ayudarlos en ese camino del cristianismo, al que no quería nadie llamar religión, porque era una “relación con Dios no religión”. En fin, así era el esquema en casa. Todo lo que se esperaba que hiciera lo hice. Todo lo que creía que debía hacer, lo hice. Mi estructura me lo demandaba, en eso nos sustentábamos, se sostenía por la creencia y fe en Dios y en toda esa armadura que se llama iglesia, congregación, templo y creyentes. Éramos una familia al servicio de Dios. De hecho, muchas veces cuando mis papás no estaban en casa me llamaban señoras muy desesperadas deprimidas o enfermas para que uno de nosotros orara por ellas. Recuerdo una en particular, yo tenía doce años y recé algo para que se quede tranquila. Ahí capté la anestesia de la oración, no sé si fue lo que dije, el tono que utilicé al orar, Dios o solo el haberla escuchado, pero algo de todo ese combo la tranquilizó. No fue la primera ni la última vez que haría eso. Estaba muy acostumbrada, era la forma como se resolvía todo en mi casa: orando. Era automático. La mente no tenía lugar, solo la fe. Todo lo que no viene de la fe es pecado, decía mi mamá. Son creencias, postulados, vigas de una estructura que te ayuda a vivir.

¿Por qué cuento todo esto? Para que despertemos, para que nos preguntemos cuales son las armaduras de acero u hormigón que nos rigen y ayudan a sostenernos. No está prohibido cuestionar, no está prohibido pensar.
No quiero desalentarlos, pero existen los terremotos. ¿Saben qué efectos tienen los terremotos sobre los edificios? Los desarman, rompen, quiebran, derriban, hacen polvo y sacuden la tierra donde están esos armazones de hierro. Ya lo sabían, claro, vimos muchos en la televisión.
Las estructuras sostienen, mantienen, duran en el tiempo. Pero un día puede llegar un sismo que hará temblar todo lo que creías como válido. Todo lo que te enseñaron puede derrumbarse y no está ni mal ni bien, simplemente es. Lo que te fue dado, lo que te inculcaron como único y perfecto, como incuestionable, no lo es.

No nos vamos a derrumbar por indagar cuales son las cosas que nos mantienen a flote, que nos sustentan. Hacer un estudio cual ingeniero civil acerca de los materiales que nos definen en nuestro interior y nos sostienen no es tan mala idea.

Pensemos nuestros esquemas, ordenes y estructuras. ¡Ah! Ojo con los terremotos. 

miércoles, 24 de junio de 2015

Dialectos

24 de junio de 2015

idioma. (Del lat. idiōma, y este del gr. ἰδίωμα, propiedad privada).
1. m. Lengua de un pueblo o nación, o común a varios.
2. m. Modo particular de hablar de algunos o en algunas ocasiones. En idioma de la corte. En idioma de palacio.
lenguaje.
(Del prov. lenguatge).
1. m. Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente.
2. m. lengua (sistema de comunicación verbal).
3. m. Manera de expresarse. Lenguaje culto, grosero, sencillo, técnico, forense, vulgar.
4. m. Estilo y modo de hablar y escribir de cada persona en particular.
5. m. Uso del habla o facultad de hablar.
6. m. Conjunto de señales que dan a entender algo. El lenguaje de los ojos, el de las flores.
7. m. Inform. Conjunto de signos y reglas que permite la comunicación con un ordenador.
(DRAE) 

La amiga de una amiga, es una conocida, ella me avisa que falleció un familiar de esta amiga, en realidad, no tan amiga. Qué curioso que no haya más palabras para clasificar a los amigos, hay conocidos o amigos.
Pero como todos sabemos, dentro de la palabra amigos hay varios niveles. Como ocho escalones creo yo, —sí, como el programa de televisión— si el 1 es el amigo más cercano el 8 es el más lejano. 
De ahí que esta amiga, no tan amiga, estaría en el 8.

La verdad es que me molesta. Me reclama esta conocida que esté cerca, que la acompañe que esté para esta chica del octavo escalón. No lo haré. En los últimos cuatro años la habré visto una sola vez cada año. Además, hay otras cuestiones. Aquí van.

Ayer, en terapia comparé a esta persona con mi papá. No hablamos el mismo idioma, eso dije. ¿Qué me pasará? Al llegar a la adultez, es lógico que se produzcan cambios.
¿Por qué me preocupa no hablar el mismo idioma? Sé que el ser humano es gregario, que necesita de otro y que ese vinculo se puede dar si tenemos un código en común que nos permita relacionarnos, comunicarnos, saber qué piensa el otro. Un puente que una nuestras vidas, acercamientos o por lo menos la intención de acercarse para ver al otro, para escuchar y para generar esa magia en el aire cuando dos seres se conectan.

Sin embargo, sucede que cuando se me presenta algo diferente, o alguien con quien antes tenía mucho en común (o eso imaginaba), y ahora habla un idioma que me resulta extraño: no entiendo sus gestos, sus chistes, la entonación de sus palabras me resulta graciosa… y me dan muchas ganas de alejarme.  No sé si es porque no le entiendo las señales que me envía o porque no las quiero entender o no quiero aprender ese idioma ¿yo cambié o ella cambió? Puede ser, es probable que algo se haya diluido.


Con todo, no significa que no pueda construir nuevos puentes, señales, gestos para comunicarme con quienes sí tengo deseos de hacerlo. Con mi papá, por ejemplo, puedo adaptarme, aprender ese dialecto que surgió de un idioma que compartíamos, ahora solo se unen por palabras, pero ha crecido, mutado y transformado en algo nuevo. Si alguien nos ve desde una ventana diría que hablamos iguales, pero yo sé que ya no es así.

jueves, 27 de febrero de 2014

Intruso

intruso, sa.

(De in-1 y el lat. trususpart. pas. de trudĕre, empujar).

1. adj. Que se ha introducido sin derecho.

No sé si sabían que esta palabra "intruso" viene del latín y quiere decir "empujar". Me sorprendí buscándola porque siento algunos intrusos en mi vida que quieren empujarme a hacer cosas que no deseo.

Esa sensación de que te llevan de un lugar a otro. No te preguntan si podés, si querés, si te parece bien, nada. Solo dan por sentado que estarás ahí para ellos. No señores. Podemos decir que no y podemos decir que no queremos. 

El respeto es un valor muy importante para las personas, familias y grupos de pertenencia, que, por lo visto, se ha perdido.